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lunes, 29 de diciembre de 2014

Lunes, último del 2014*

Lucila y yo no trajimos almuerzo, así que tuvimos que ir a comprar. En el trayecto, hicimos tres paradas: una en el banco, para sacar plata (que ya no existe más, ladrones, la repartimos en otros lugares, así que no se molesten en esperarnos a la salida del trabajo); una en el Buono Panne, para comprar el almuerzo; y una tercera en el kiosko de los sánguches de milanesa, para comprarle uno de esos al Seba.
El viaje se desarrolló sin mayores sobresaltos hasta la tercera parada, en donde tuvimos una experiencia aterradora.
Entramos y la chica que atendía parecía estar desnuda de la cintura para abajo. ¡Qué horror! Encima estaba subida como a una tarimita, desde la cual pretendía manipular los sánguches de milanesa... O sea... No quiero ser desagradeblemente explícita, pero los sánguches estaban a la comprometida altura de su parte íntima. Sí, la chica de los sánguches.
Unos cuatro segundos después, Lucila y yo nos dimos cuenta de que la chica tenía puestas unas calzas color piel.
Ahora, yo me pregunto. ¿Qué es más polémico? ¿Usar calzas color piel, haciendo creer a los clientes que estás restregando tu cuerpo en los productos que les vendés, o hacer una película sobre la intención de asesinar a Kim Jong Un? En esta, como en todas, estoy con vos, James Seth Franco Rogen.

*Esta entrada también podría llamarse "Cómo encubrir mi apoyo a la liberación masiva de la película The Interview en Internet".

1 comentario:

  1. Yo quiero añadir que la chica de los sánguches también usa una riñonera negra, que a efectos visuales parece un bombacha.

    Get a grip.

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